El futuro del management

el futuro del management

 

Por desgracia, la adolescencia ruidosa e imaginativa del management pasó hace más o menos un siglo. De hecho, gran parte de las herramientas y técnicas esenciales del management moderno fueron inventadas por individuos nacidos en el siglo XIX, no mucho después del final de la Guerra Civil estadounidense.

Aquellos intrépidos pioneros desarrollaron descripciones estándar para los empleos y los métodos de trabajo. Inventaron protocolos para la planificación y la programación de la producción. Dominaron los entresijos de la contabilidad de costos y el análisis de beneficios. Establecieron los informes de excepción y desarrollaron controles financieros detallados. Crearon los esquemas de gratificación a base de incentivos y los departamentos de personal, así como sofisticadas herramientas para la preparación del presupuesto de capital. En 1930 ya habían diseñado la arquitectura básica de la organización multidivisional y formulado los principios del management de marca.

Ahora pensemos en los últimos veinte o treinta años de la historia del management. ¿Puede enumerar una docena de innovaciones que estén a la altura de las que sentaron las bases del management moderno? Yo no. Como el motor de gasolina, nuestro modelo de management de la era industrial está languideciendo al final de la curva en S y podría estar alcanzando los límites de su perfectibilidad.

Por supuesto, esta situación plantea la pregunta de si en realidad necesitamos un nuevo modelo de management y, en caso afirmativo, si existe uno esperando a ser descubierto. Tal vez deberíamos estar celebrando el final del management. Puede que después de décadas de avances ya no haya más cimas altas que escalar ni más curvas en S para descubrir.

Sin embargo, antes de empezar la celebración, debemos preguntarnos si estamos verdaderamente satisfechos con la situación. ¿Nuestras jornadas laborales son tan satisfactorias y nuestras empresas tan infinitamente capaces que resulta inútil desear algo mejor? No lo creo.

Pensemos de nuevo en la democracia. Aunque sea la peor forma de gobierno a excepción de todas las demás podría ser, como dijo Winston Churchill, en su esencia residen contradicciones que todavía deben ser resueltas. […] Si la democracia todavía tiene montañas que escalar a los casi dos mil quinientos años de su nacimiento en la antigua Grecia, sería muy arrogante afirmar que, después de solo un siglo de progreso, el management moderno haya agotado su potencial evolutivo (del mismo modo que sería una ridiculez dar por hecho que la tecnología que nos sirvió tan admirablemente en el siglo XX demuestre será adecuada para las exigencias del siglo XXI). El hecho es que, a pesar de sus indiscutibles logros, el management moderno nos ha legado una serie de enigmas desconcertantes y dilemas preocupantes que requieren ideas audaces y enfoques nuevos. Cuando miramos hacia delante vemos un montón de problemas, dificultades y dilemas que ponen al descubierto los límites de nuestros trillados sistemas y procesos de management.

Trascender los viejos intercambios

Durante su desarrollo, el management moderno se ha enfrentado a numerosos problemas muy complicados y los ha superado. […] Sin embargo, esos éxitos se han cobrado un alto precio. La maquinaria del management moderno hace que seres humanos rebeldes, testarudos y de espíritu libre cumplan con unas normas, pero también derrocha una enorme cantidad de imaginación e iniciativa humana. Aporta disciplina a las operaciones, pero hace peligrar la adaptabilidad organizacional. Multiplica el poder adquisitivo de los consumidores de todo el mundo, pero también esclaviza a millones de personas en organizaciones jerarquizadas casi feudales. Y si el management moderno ha contribuido a mejorar de manera espectacular la eficacia de los negocios, apenas existen ejemplos de que haya incrementado también su ética.

El management moderno ha dado mucho, pero también se ha llevado mucho, y continúa haciéndolo. Tal vez haya llegado el momento de renegociar la oferta. Debemos aprender a coordinar los esfuerzos de miles de individuos sin crear una jerarquía opresiva de supervisores; a controlar los costos con firmeza sin asfixiar la imaginación humana; y a crear organizaciones donde la disciplina y la libertad no sean se excluyan mutuamente. En este nuevo siglo debemos esforzarnos por trascender las relaciones de intercambio aparentemente inevitables que que forman el incómodo legado del management moderno. […]

Limitados por nuestro ADN

Si ha trabajado alguna vez en organizaciones grandes, sabe que esperar que sean estratégicamente ágiles, incansablemente innovadoras o altamente atractivas para el empleado (o algo más que simplemente eficaces) es como esperar que un perro baile un tango. Los perros son cuadrúpedos. Bailar no figura en su ADN. Lo mismo ocurre con las empresas. Su ADN directivo facilita algunas cosas y hace que otras resulten virtualmente imposibles.

La reingeniería, el recorte de costos, las mejoras continuas, las subcontratas y la externalización son aspectos inherentes a las tendencias genéticas de las grandes empresas. Todos tienen que ver con mejorar, ir más rápido y abaratar precios: el equivalente a perseguir los gatos y hacer pis en las farolas.

Por desgracia, para resolver algunos de las relaciones de intercambio más odiosas del ágiles moderno y afrontar las innovaciones de mañana se necesita algo más parecido a la terapia de sustitución genética.

El management moderno no es solo un conjunto de herramientas y técnicas útiles: es un paradigma, por citar un término con gancho del conocido argot de Thomas Kuhn. Un paradigma es más que una manera de pensar: es una visión del mundo, una idea amplia y profunda sobre qué tipos de problemas ser resueltos o son resolubles. […] Todos somos prisioneros de nuestros paradigmas, y como directivos somos cautivos de un paradigma que antepone la eficacia a cualquier otro objetivo.

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Autor: Gary Hamel

Fuente: El futuro del management.

Publicado en: Artículos

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