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LAS FALACIAS DEL TECNOMANAGEMENT
La verdadera crisis está en la dirección del personal |

[ Autor: Michel Henric-Coll ] |
2. HOUSTON, TENEMOS UN PROBLEMA1
No todos se morían, pero todos enfermaban.
Jean de La Fontaine, Les animaux malades de la peste.
Una situación preocupante
Los trabajadores están enfermos. Algunos fisiológicamente, otros contagiados por el virus pandémico de la desmotivación. Creen cada vez menos que su trabajo está colaborando a un mundo mejor, o a una vida mejor.
La sociedad está enferma. En lugar de ser la soñada aldea global que favorece el desarrollo personal y colectivo de sus hijos, se convierte progresivamente en un instrumento normativo organizado en vista a la adoración exclusiva de la Diosa Economía, y que exige sacrificios aztecas de la personalidad individual y familiar.
Las empresas están enfermas, aunque no todas se han dado cuenta, porque su principal factor de crecimiento, generador de variedad creativa y de riqueza económica – el personal – está encorsetado en una armadura constrictora que, por mucho que pretenda venerar el talento, lo ahoga. También están enfermas porque adoptan una dieta demasiado rica en dividendos corporativos a corto plazo, que las está vaciando de vitaminas del crecimiento y constituye una verdadera amenaza de anorexia a largo plazo.
El estrés laboral se cobra cada año más víctimas. Los llamados Riesgos Psicosociales han dejado de serlo, no por haber desaparecido, sino porque se han convertido en una realidad tangible y que convendría hablar ahora de Daños Psicosociales.
Según la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo2, entre el 50% y el 60% de las ausencias al trabajo que se producen al año están ocasionadas por situaciones de estrés. De acuerdo con los últimos datos estadísticos publicados, el estrés laboral puede ocasionar pérdidas económicas de entre el 10% y el 20% del Producto Interior Bruto de un país. Al año, se estiman en 7.500 los diagnósticos de trastornos mentales provocados por las condiciones laborales.
Se estima que, en 2004, fallecieron en España 14.000 hombres y 2.100 mujeres por enfermedades relacionadas con su trabajo, aunque, en el mismo año, sólo se registraron oficialmente 2 casos de muerte por enfermedad profesional. El mayor número de muertes de origen laboral se relacionaría con tumores malignos (alrededor de 9.400 fallecimientos) y enfermedades cardiovasculares (3.600 muertes). ¿Qué ejercito gana batallas matando a sus propios soldados?
El número de consultas médicas por razones laborales aumenta permanentemente. En España, entre 1999 y 2003, estas consultas han aumentado en un 40%. Más de uno de cada cuatro trabajadores de la Unión Europea sufre estrés relacionado con el trabajo.
Según datos del NICE3 los trabajadores que permanecen en situación de baja laboral durante más de seis meses, tienen un 80% de probabilidad de continuar en esta situación durante los siguientes cinco años. Además, estas personas son más propensas a necesitar algún tipo de medicación, a requerir un mayor número de ingresos hospitalarios y a morir de manera prematura. Se estima que el índice de suicidio es 35 veces superior en este grupo que entre los trabajadores activos. ¿Alguna sociedad puede evolucionar teniendo a la población activa en baja laboral?
Los costes de las enfermedades psicosociales son altos, y todo permite pensar que, si no se modifica el sistema, lo serán aun más. Costes económicos, ciertamente, tanto para las empresas como para el sector público, pero también costes humanos para la sociedad. El tecnomanagement actual, tal como me propongo demostrarlo en los capítulos siguientes, provoca estragos, aun cuando sea con las mejores intenciones.
Consultas médicas por causas laborales

A nivel fisiológico, el estrés es una respuesta adaptativa del sistema nervioso simpático, que abarca la liberación de catecolaminas (adrenalina y noradrenalina), de cortisol y encefalina, el aumento de la cantidad circulante en sangre de glucosa, de los factores de coagulación, de aminoácidos libres y de otros factores inmunológicos. Se produce una vasoconstricción periférica, midriasis, taquicardia, taquipnea y una ralentización de la motilidad intestinal. Todos estos mecanismos existen para aumentar las probabilidades de supervivencia frente a una amenaza a corto plazo y no para ser mantenidos indefinidamente. A medio plazo, este estado de alerta sostenido desgasta las reservas del organismo y puede producir diversas patologías como trombosis, ansiedad, depresión, inmunodeficiencia, dolores musculares y esqueléticos, insomnio, trastornos de atención, etc.
A nivel psicológico, la persona estresada se siente angustiada e irritable, se vuelve incapaz de relajarse y concentrarse, experimenta grandes dificultades para dormir, se nota muy cansada, desanimada, ansiosa. Le resulta muy difícil pensar con lógica y tomar decisiones. Cae fácilmente en la adicción a malas soluciones compensatorias, como el abuso de alcohol, medicamentos o drogas, así como – curiosamente – del trabajo (workalcoholic). Se convierte en una víctima predilecta de la depresión, de enfermedades psicosomáticas graves, del suicidio.
En las empresas, las consecuencias psicosociales debidas a las condiciones de trabajo, son responsables de la mayor parte del absentismo laboral, provocan una reducción de la productividad, y un costoso incremento en la rotación de personal. A parte de los costes evidentes, el absentismo genera costes ocultos: la sustitución del trabajador por otro menos preparado o experimentado, la disminución en el rendimiento del equipo de trabajo, la pérdida de producción y de mercado por retrasos en el servicio, el encarecimiento del producto, la insatisfacción de los clientes o deterioro de la calidad, los gastos administrativos derivados de la contratación y formación del personal suplente, aumento de horas extra y otros, solo para citar unos de ellos. ¿Qué empresa puede vanagloriarse de ser excelente generando tantos costos ocultos?
Un trabajador insatisfecho es un trabajador que experimenta una frustración, es decir, la sensación de que una barrera se interpone entre él y sus esperanzas y expectativas. Las consecuencias de las frustraciones laborales pueden incluir la negligencia profesional, o un sabotaje encubierto de la productividad empresarial, a veces difícil de descubrir.
El estrés laboral no se explica por una debilidad individual del empleado. Por el contrario es un síntoma de que algo no funciona bien en la empresa.
Pilar Jericó4 cita un estudio realizado en Finlandia acerca de 22.000 profesionales, que muestra que la probabilidad de morir de un ataque del corazón se multiplica por cinco en los trabajadores que se han salvado de una reducción de plantilla. El incremento de tensión y las consecuencias de la incertidumbre serían, junto con el aumento de trabajo por haber menos personal, los principales responsables del incremento de riesgos.
“Los valores de justicia social, de solidaridad y de equidad, o los principios de la dignidad humana y la primacía del hombre sobre la economía resultan cada vez más transgredidos… La loca carrera por las cuotas de mercado y la competitividad para conseguir o retener clientes muestra de forma cada vez más patente la regresión social como instrumento de política económica al servicio de la competitividad5”. ¿Está la sociedad al servicio del hombre, o el hombre al servicio de la sociedad?
Hubo una época en la que uno entraba a trabajar de joven en una empresa, y podía pronosticar jubilarse en la misma. Llegó la moda de la prejubilación, destinada a rebajar la media de edad de los trabajadores incentivando a los mayores a dejar el trabajo. Al cabo de unos años, se dieron cuenta de que aquello había sido probablemente un error. Por una parte, cuando se va una persona mayor de 45 años (es cuando uno empieza según la terminología oficial a ser trabajador de edad avanzada), también se va quién ha acumulado más conocimiento y experiencia, y en no pocos casos, se ha tenido que contratar como profesional externo a las mismas personas que se habían despedido como empleados. Ahora, en las grandes corporaciones y progresivamente en las empresas de menor tamaño, la permanencia de un trabajador en la empresa se acorta, la edad media sigue bajando porque se sustituye cada vez más pronto a los trabajadores.
“Lo que debería provocar la reflexión de las empresas, es que los jóvenes responsables dimiten cada vez más pronto. Un joven licenciado de cada tres deja su primer empleo en menos de dos años. Causando baja tan pronto, no dejan siquiera a las empresas el tiempo de rentabilizar su contratación. […] No es que los jóvenes sean más vagos que antes, solo son lúcidos cada vez más temprano6”.
Los síntomas de burn-out llegan cada vez más pronto y la rotación de personal aumenta. ¿Durante cuánto tiempo el contratar a jóvenes ilusionados y agresivos podrá seguir compensando los costes de formación, preparación y adquisición de experiencia que representa estos altos índices de turn-over? ¿Acaso hemos entrado en la época del trabajador Kleenex, de usar y tirar? ¿Quién gana en eso?
¿Un mundo sostenible?
¿Es sostenible un mundo basado en “yo gano si tú pierdes”? Se está cuestionando mucho, actualmente, nuestra sostenibilidad en relación al clima, pero ¿hasta cuándo será viable y sostenible un mundo asentado en la existencia de una minoría ganadora a costa de una mayoría perdedora? ¿Podemos realmente esperar seguir en un modelo empresarial en el que los inversores ganen siempre más a cambio de que sus trabajadores ganen menos? ¿Es la empresa comparable al reparto de una tarta: para que uno tenga la mayor parte, el otro ha de tener la menor, o bien es comparable a un vergel, que producirá más frutos a repartir si todos colaboran en los esfuerzos? Un refrán, chino según dicen, afirma que hasta el león le tiene miedo al ratón al que no le queda un solo agujero para escapar. ¿Quién es el ratón, y cuántos agujeros le quedan?
1. De la Película Apolo XIII
2. European Agency for Safety and Health at Work, EU-OSHA.
3. Instituto Nacional para la Salud y la Excelencia Clínica del Reino Unido (The Nacional Institute for Health and Clinical Excellence, NICE).
4. Pila Jericó. No miedo en la empresa y en la vida. Alienta editorial.
5. Alain Euzéby. La organización internacional del trabajo en la tormenta de la mundialización. Le Monde, 5 de diciembre 2000.
6. Alexandre de Isnards, Thomas Zuber. L’open space m’a tuer. Hachette.
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