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LAS FALACIAS DEL TECNOMANAGEMENT
La verdadera crisis está en la dirección del personal |

[ Autor: Michel Henric-Coll ] |
El mito de la objetividad
Los modelos actuales en la dirección de Recursos Humanos se caracterizan por la exigencia de objetividad y el rechazo de la subjetividad. Modelos como la Gestión por Competencias se argumentan como “algo que da coherencia y objetividad a toda la política de RR.HH de la organización31” . Por su lado, el modelo EFQM se autodescribe así : “La adopción del Modelo EFQM para la Autoevaluación da como resultado una amplia gama de ventajas entre las que cabe destacar:
• Un enfoque riguroso y estructurado para la mejora de la empresa
• Una evaluación basada en hechos y no en opiniones personales32
• Una evaluación objetiva con respecto a un conjunto de criterios ampliamente aceptados en Europa33”.
El deseo de objetividad y rechazo de toda subjetividad es una constante en el tecnomanagement y uno de los responsables de la cuantofrenia de sus promotores. Es también corolario de la voluntad de pilotar todo el sistema de gestión de personas de forma centralizada a partir de cuadros de mandos informatizados cuya presentación no tendría nada que envidiar a las pantallas de control de una central nuclear. Es también uno de los factores que han llevado a despojar a los mandos intermedios de su poder de decisión sobre las personas.
A pesar de la popularidad de la palabra objetividad, cuando nos referimos a la valoración de una persona realizada por ella misma o por otra, el concepto se convierte en un mito, y es un mito peligroso, porque lleva a decisiones desacertadas y a la amputación de uno de los elementos de superioridad del hombre sobre el animal o las máquinas. La observación me ha llevado a una definición propia y apócrifa de la objetividad.
Objetividad: n.f. Calidad de las opiniones que coinciden con la propia. Nadie califica jamás de objetivas a aquellas personas con las que discrepa totalmente34.
Soy consciente de que el replanteamiento de este mito va a levantar ampollas en las muchas personas que aspiran a la racionalidad absoluta (¡ni que fuera algo bueno!). Pero, ¿qué es la objetividad? La Real Academia Española de la lengua la define como: “Que no se deja influir por consideraciones personales en sus juicios o en su comportamiento”. Una realidad objetiva no depende del observador, es un conjunto de propiedades intrínsecas e independientes de las circunstancias. El hombre es un ser complejo, cuyas actitudes y comportamientos tienen infinidades de combinaciones y estados, productos de niveles de conciencia muy diferentes (desde totalmente inconsciente a totalmente consciente), y originados en tres capas cerebrales que albergan respectivamente instintos, emociones y racionalidad35. También son el resultado de las interacciones con el entorno, y como lo expresó Ortega y Gasset: “yo soy yo, y mis circunstancias”. La autoobservación objetiva es una paradoja, puesto que para observarse y valorarse, uno es a la vez sujeto y objeto de la observación, resulta imposible separar el observador del objeto de la valoración y no cumple con la condición de alteridad que requiere la objetividad. La autoevaluación objetiva es una ilusión. Del mismo modo, cuando valoramos a otros seres humanos, siempre lo hacemos a través de nuestro propio sistema de valores, a través del filtro de nuestras emociones y de nuestras creencias.
Nada es verdad, ni mentira,
Todo es según el color
Del cristal con que se mira.
(Ramón de Campoamor)
Algunos creen que la objetividad se consigue eliminando las emociones y los sentimientos. Sin embargo, emociones y sentimientos forman parte de la realidad humana. La amputación de las emociones y de los sentimientos, sea en la persona que juzga como en la persona juzgada, no desemboca en la objetividad, sino en una deformación caricaturesca de la realidad. Si existe un camino para acercarse a una valoración objetiva de la realidad humana, desde luego no es el de la despersonalización ni el de la castración ontológica, sino el de la integración equilibrada de todos sus componentes, tanto racionales como emocionales.
Pretender llegar a una observación y valoración objetiva de un sistema (el ser humano) de complejidad y variedad infinitas36 supone previa y necesariamente reducir drásticamente su complejidad y su variedad, hasta convertirlas en finito, limitado, y totalmente descriptible. Este reduccionismo es peligroso tanto para la organización como para los seres humanos que lo sufren. Para la organización porque le proporciona para guiarse y dirigir un mapa completamente distorsionado de la realidad, y para las personas porque es destructivo de su identidad. Roger Nifle lo define así: “Se razona en término de masas: masa financiera, producción en masa, masa proletaria, cada elemento no tiene otro sentido que con respeto a la masa de la que forma parte. Ningún elemento constituyente de la masa tiene significado por si mismo, es el trabajo hecho trizas, la despersonalización. Se trata de un sistema dual, maniquéico: o bien hay atracción hacia la masa en fusión, o bien repulsión llevando a la expulsión. En ambos casos, la lógica es la del aniquilamiento del individuo, la explotación absoluta37”.
31. Luis Herrera Tejedor, Grupo Prisa.
32. Evidentemente, es una afirmación engañosa, puesto que una autoevaluación se basa necesariamente en opiniones personales sobre sí mismo.
33. Los subrayados son míos.
34. Michel Henric-Coll. El antidiccionario. No publicado.
35. Tronco cerebral, sistema límbico, neocórtex.
36. Variedad: cantidad de estados diferentes que puede tener un sistema.
37. Roger Nifle, www.coherences.com, citado por Pierre Cauvin (La cohesión des équipes).
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