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LAS FALACIAS DEL TECNOMANAGEMENT
La verdadera crisis está en la dirección del personal |

[ Autor: Michel Henric-Coll ] |
Las falacias
El hombre es un (simple) animal
La primera premisa equivocada del tecnomanagement es que “el hombre es un animal”, por lo menos debería decir: el hombre no es un simple animal.
Las consecuencias de esta premisa reduccionista se manifiestan en el uso y abuso de teorías conductistas. Skinner extrapoló sus experimentos con animales como ratas y palomas a la psicología humana, lo cual no es de extrañar puesto que consideraba que el hombre es sólo un cuerpo que vive. Por eso afirmaba que las conductas humanas pueden ser comprendidas, anticipadas y controladas sin tomar en consideraciones los eventos mentales. Dicho en otras palabras: ante un mismo estímulo, las ranas, las ratas, las tortugas y los seres humanos tendrán el mismo tipo de respuestas. Es cierto que en determinadas circunstancias, el hombre actúa en función de su biología animal, pero sólo cuando la situación no requiere la intervención de su razonamiento, de su ética, o de su espiritualidad. En estos casos, el hombre es totalmente capaz de tomar decisiones o adoptar comportamientos independientes u opuestos a lo que corresponde a su parte “animal”. La extrapolación abusiva de conclusiones conductistas desemboca en la creencia de que existe una relación causa-efecto entre estímulo y respuesta, sin tener en cuenta el libre albedrío del ser humano (para Skinner, un cuerpo que vive no puede ser nunca libre), ni ninguna consideración relacional o circunstancial (lo que incordiaría mucho a Ortega y Gasset quién escribió “Yo soy yo y mis circunstancias”).
A su vez, el animalismo conduce a la creencia de que las mismas causas producen los mismos efectos, eso es: que las mismas causas producirán los mismos efectos sobre cualquier empleado, y que los mismos impulsos producirán siempre las mismas respuestas en una persona determinada.
Pero no es así. Como persona digo que, afortunadamente, tenemos capacidad de proveer respuestas imprevisibles – se llama creatividad, adaptabilidad, evolución. Además, pertenecemos a diferentes sistemas lógicos que se entrecruzan y solapan e imponen diferentes prioridades de respuesta en función de una combinación de circunstancias cuyo número es totalmente indeterminado. Como trabajador, formamos parte del sistema lógico “subordinado de”, “colega de”, “jefe de”, además de sistemas externos como “familiar de”, “amigo de”, “seguidor de la ideología política / religiosa / sindical de”, etc.
Todos estos sistemas tienen su lógica propia, y nos influyen de forma más o menos prioritaria según las circunstancias y lugares en que nos encontramos. Y por tanto conducen a respuestas diferentes, a veces imprevisibles, a veces totalmente excepcionales como ocurre en situaciones de catástrofes o de guerras.
Si el hombre es un animal, es el único que ha construido templos y catedrales, que ha elaborado sistemas de ética, o que ha sacrificado su vida en nombre de una ideología. Que se sepa, el hombre es el único ser del planeta que tiene espiritualidad (que no significa religiosidad), ética y capacidad filosófica, y probablemente también el único que se pregunta cuál es el sentido de la vida.
Los métodos de gestión del personal se fundamentan demasiado en condicionamientos operantes, como la teoría del palo y de la zanahoria, y en sus diversos perfeccionamientos. Mientras el empleado realiza un trabajo repetitivo y monótono, de muy bajo valor añadido personal, no activa sus capas humanas superiores, es como si funcionara con el piloto automático, y es más sensible a los condicionamientos positivos y negativos. Pero si desarrolla un trabajo que le requiere pensar, valorar, elegir, tomar decisiones, entonces los refuerzos operantes se convierten en secundarios y hasta… inoperantes. A la vez, se hace más sensible a necesidades de más alto nivel – en el modelo de Maslow – como las relaciones sociales, la propia estima y los valores holísticos de pertenencia, de finalidad, de sentido de las tareas y de la vida.
El tecnomanagement se encuentra en una paradoja que tendrá que resolver. Si lo que pretende es dirigir y controlar al trabajador basándose en teorías de zoología, se ve obligado a anular el lado humano del trabajador y encerrarlo en una visión mecanicista y animalista, pero entonces su motivación, su aportación creativa y su implicación se convierten en pésimas. Si por el contrario quiere conseguir motivación, implicación y creatividad, tiene que admitir que los empleados no son simples ejecutores vagos y descerebrados sino seres pensantes, con ambiciones y capacidad para contribuir al desarrollo del negocio, y va a tener que tratarles como tal.
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